DISCURSO DE BLANDA Y FIRME.
Por Antonio Perán.
PRESENTACIÓN
1
Es una blanca bola de algodón que cierto día
se vió surcando el aire, bruscamente arrebatada
por una repentina exhalación de brisa cálida,
que sobre la razón, el bien y el mal la suspendía.
No le causó temor, porque de sobra conocía
su predisposición a las licencias amorosas
del viento, partidario de aventuras fabulosas,
tan bellas como ingrávido su aéreo bagaje,
pero se fue sintiendo prisionera del paisaje
y quiso liberarse aproximándose a las cosas.
2
Es un robusto mástil incrustado en la ladera,
mancilla lateral de la corteza del camino.
Se ignora si en su infancia fue señal de algún destino,
si remedió fatigas o sostuvo una bandera.
El caso es que está ahí: con sus enigmas de madera,
asido tercamente a la misión que le dió vida,
como un remordimiento... soportando la embestida
de la segur de fuego y el alud de aljófar blando;
y ahí continuará... sin que se sepa cómo y cuándo
será su persistencia por el medio reducida.
3
Y fue en una oquedad de ese tarugo, donde pudo
meterse la guedeja y escaparse del encanto.
Ella lo conoció por Firme, porque vió con cuanto
desprecio del peligro protegía con su escudo
del céfiro de ráfagas airadas el menudo
regalo de los cielos. El la distinguió por Blanda,
porque notó en sus íntimas regiones una lánguida
caricia que, esponjándose gozosa en el estío
o siendo deprimida por la desazón del frío,
su pecho confortaba dulce, suave, dócil, cándida...
Volver a la página anterior.