Está todo listo para mi viaje. Se ha pospuesto varias
veces pero ahora creo que si se hará.
-¿Y adonde irás esta ocasión? De seguro te vas a la
Ciudad de México. No sé
porqué, últimamente no quieres salir de allá; algo habrá....
-No, solamente voy a Ensenada. Me envían de donde
trabajo y por supuesto, no es un viaje de placer.
-¡Ay, pobrecito!; quisiera conocer a un hombre que no se
fingiera la víctima. Ya encontrarás una buena manera para
divertirte; si no, después lo veremos
-Y yo quisiera hallar a una mujer no aplicadora, de
buenas a primeras, de esa frase: "Piensa mal y acertarás."
Claro, las mujeres siempre actúan de buena fe; en cambio los
hombres.... Por lo menos, -según ustedes- somos unos.......
No lo vas a creer; hace tiempo, una dama, dijo que yo era
bueno y merecía ser feliz.
-En lo último, estoy muy bien de acuerdo, pero no deseo
saber para qué te consideraba bueno. Pensándolo mejor, me
gustaría conocer quién fue esa.. No, dejémoslo y no digas su
nombre. ¿Y que me traerás de Ensenada? No lo has dicho.
-Dime cuanto desees que te traiga. Si está dentro de
mis posibilidades, cuenta con ello.
-Me conformo con tu regreso sin ningún contratiempo y
además, saberte como el amigo de siempre; nada más esto
quiero.
-Pide algo menos espiritual; no creo en eso de: "¡Regale
afecto no lo compre!"
Fíjate bien, cuando niño, nunca sentí las atenciones de
mamá como muestra de cariño o de cualquier otro sentimiento
sublime. Por Navidad, me dio una motocicleta, y entonces, ya
no tuve ninguna duda de su amor por mí. Un agente de
tránsito de metal manejaba aquel vehículo. Guardé ese regalo
durante muchos años, pero un día, abrí el juguete para ver el
mecanismo responsable de la vida y el movimiento del
entretenimiento que disfruté, en mi infancia. Mi curiosidad
de niño, no lo puso en ningún peligro. Cuando joven hubo
diferencias. La destrucción fue el
mal fin de aquella moto.
-Nunca me habías hablado de esto antes; te has quedado
muy raro. !Cálmate!, no me gustas así. Ya te he pedido: una
flor; una estrella; un sueño y una ilusión., ¡Ah!
También te pedí un poema. Por Ahí tiene que estar. Sí,
quiero un trozo de mar. Para ti no será difícil complacerme
-Es verdad, hay cosas sencillas, otras, demasiado
complicadas y, también, existen los imposibles tremendos. Un
pedazo de mar para ti; un poco de amor para mí, y
nada mas. ¿Cómo podré hacerte ese bello regalo? Ahora no me
importa responder a nuevas preguntas. Sí, lo sé; hay cuadros
retratados de las arenas, las olas, algunas gaviotas y un
barco pequeño, confidente de los lejanos horizontes. En
algunos caracoles se puede escuchar el rumor del mar, pero no
es el mismo sonido de agua y viento, de paz y tempestad. Al
pedirme tú “imposibles", estoy seguro, no es para
sembrar en mí la desconfianza; sino para descubrir nuevas
aventuras y a la misma auténtica vida. Afortunadamente no
somos tu y yo fragmentos o extraños; y esto es algo de cuanto
he aprendido contigo. No puedo decirte nada más.
-Te amo, porque no te escondiste tras de todas esas
palabras que tienen otros tontos e incomprensibles
significados. Tu, me has dado tanto, y ahora te preocupas
por este obsequio. Tú y yo lo iremos a buscar juntos, y no
lo traeremos dividido en minúsculas partes, sino en su
grandeza duradera y en el esplendor infinito del amor que
aumenta conscientemente.
Si no estuviéramos en la flor, la estrella, la ilusión,
el sueño y la Poesía. ¿Cómo se obtendrían para entregarse a
alguien?
Los intermediarios jamás sirvieron para vencer todos
estos y otros imposibles
Estas cosas, no las aprendí sola; no debería pero me he
agitado demasiado al decir todo esto.
(Extraído de su libro Historias reencontradas.)
Volver a la página anterior.