Presentación de la novela La Víbora, de José Ruivary. 
Por José Luis de las Heras "Chelis"


	Buscar la "universalidad" es el culmen de todo creador.
	José Ruivary desde su profesión personal de amor a la tierra y a la criatura humana con sus grandezas y miserias, se aproxima a los sentimientos universales por medio de la singularidad de sus personajes.
	Pedagogo, diplomado en Gestión Laboral, Asesor en Cooperación Técnica Internacional, Técnico en Rehabilitación, pasa por ser uno de los escritores burgaleses del siglo XXI que más ha profundizado y continúa profundizando en el alma humana  Enamorado apasionadamente de Burgos en general y de La Sierra y la Bureba en particular, así como del Perú y la inmensa Rusia, recuerda con cariño su periplo profesional por la Cadena SER y Radiocadena Española, donde "hacía de todo, pero siempre intentando acercar a sus oyentes su amor a la Historia y al rico patrimonio burgalés.  Persona que olvida con facilidad los agravios, reconoce que le hubiera encantado culminar sus proyectos de ayuda a los discapacitados  en América del Sur.  Un proyecto adelantado para la época y que las instituciones españolas, pese a  múltiples promesas de apoyo, no cumplieron una sola, si bien su "sueño" se hizo realidad en parte.
	El mantenimiento de sus ideales le ha movido a rechazar ofertas profesionales muy importantes de numerosos países.  Desde hace años ha recalado en el País Vasco (tierra a la que admira profundamente), donde contempla con el corazón contraído cómo Euskadi se está poniendo a la cabeza de Europa, en tanto que su "Vieja Castilla en general y su Burgos en particular no encuentran el rumbo apropiado para llegar al puerto donde por su historia, deberían de estar.  
	Luchador infatigable contra todo aquello que signifique injusticia, "ante todo soy un puñetero idealista".  Quienes le conocen saben que la igualdad de oportunidades y derechos que promulga en sus escritos y conferencias, "no es una tendencia rojilla, simplemente se trata de un deseo por evitar tanto abuso como se comete, sea en nombre de lo que sea y que por desgracia prolifera en el mundo que nos toca habitar", manifiesta con contundencia.  
	José Ruivary es ante todo un investigador de los sentimientos de la criatura humana.  Al igual que Miguel Delibes, penetra en el cerebro y espíritu de cada uno de sus personajes, lo que hace que el lector pueda acceder con asombro a los lugares más intrincados del alma  humana.  Preocupado siempre por los problemas de sus semejantes, "los míos carecen de importancia", su trabajo científico sobre "Orientación y movilidad", fue considerado como un ejemplo a seguir en la recuperación de los discapacitados sensoriales.
	José Ruivary, tiene la suerte de contar con unas extraordinarias personas junto a él.  Su esposa Raquel, quien además de su cariño, le da todo su apoyo y acierta   a frenar con asombrosa maestría sus ímpetus por lograr que el mundo sea como a él le gustaría que fuese.  Su hija Karen Sofía, quien fuera su alegría y posteriormente su hundimiento y su amargura, pues ella murió cuando contaba poco más de dos años y medio.  Sin embargo su memoria ha quedado magistralmente registrada en su obra poética "Psalmos y Elegías".  Hoy día, Reichel Verónica y Karen Iris, además de sus hijas, son su compañía, sus guías, sus ayudantes y su orgullo.
	Persona polifacética, ha impartido cursos y seminarios en universidades de España, USA, Argentina, Holanda, Rusia y Perú.  Es Asesor Ejecutivo y Representante en Europa de la Universidad Nacional de Piura y Asesor del Concejo Provincial de Piura  (capital de la Región Grau, en el norte del Perú y primera ciudad fundada por los españoles).
	Ha colaborado en numerosos proyectos con la Organización Internacional del Trabajo, "OIT", y ejercido su magisterio en la UNP y varios centros estudiantiles de prestigio.  También fue nombrado Director General de la Organización Peruana de Empleo al Minusválido, y Director del teatro de la Universidad Nacional de Piura.
	Como autor, la mayoría de su obra literaria ha sido premiada, ya en teatro, novela, relatos, ensayo  y poesía, tanto en certámenes nacionales como internacionales.  Su primera novela, "Internado para ciegos" la escribió cuando contaba 25 años y asistió a la decepción de vivir de cerca  la quiebra de la prestigiosa editorial que se iba a encargar de su publicación, no obstante ese trabajo, tras una concienzuda actualización, en breve será editado con el título de  "La cueva".  Su obra teatral "El Alegato de las Marionetas" estrenado en Moscú, obtuvo un gran éxito al igual que en otros países, incluso en el nuestro.  Actualmente ha completado una pentalogía que abarca el periodo histórico del Perú que comprende desde 1968 con la toma del poder por el general Juan Velasco Alvarado hasta 1990, con el fin del régimen democrático de Alan García, y cuyos títulos son: "Ciénaga y Satén" (en dos volúmenes), "El retablo  de los Conspiradores", "El año de los excesos" y el que engloba a todos ellos:  "La corte del Caballo Loco.  En breve completará "La Salmodia de las Urracas", que trata sobre los expolios ocurridos en las iglesias de Castilla, La Rioja y Navarra en los años 80.  Tiene listas dos obras más centradas en Castilla:  "Los parias" y "Campanadas y Arcilla", una novela de género policiaco, "El juego del escorpión" (La  clave de los tres reyes), un relato filosófico "Nihil", así como una obra de teatro titulada "Cinco cartas de un hombre bueno".
	Otros libros que alcanzaron un gran éxito fueron "La profecía de los sapos" y "Crisis".
	En "La víbora", cuya trama tiene lugar en un pueblo imaginario de la Sierra de la Demanda en la zona sur de Burgos (que alguien puede identificar como Canicosa, Palacios, Quintanar o Regumiel), y que en el texto se nombra San Martín de la Sierra, narra con exquisita sencillez, la idiosincrasia y la ignorancia de algunas de las gentes de ese pueblo, que poco a poco van siendo "dominadas" por las maquinaciones de una complicada mujer.  El argumento es una forma de trasladar al papel la realidad de cuanto acontece en muchos pueblos de la geografía burgalesa, castellana  o de más allá, al finalizar la Guerra Civil.  La mezcla de los sentimientos  exaltados junto con las rencillas y otros aditamentos, consiguen dar una virulencia a la trama que el autor acierta a mover con agilidad.  De alguna forma, y con milimétrica precisión, José Ruivary plasma los impenitentes odios y las fobias de los castellanos, motivados la mayoría de las ocasiones por la envidia que se vieron involucradas familias enteras, incluso padres e hijos.
	Novela con gran fuerza, en la que el autor ha  buscado reflejar esa Castilla profunda, una Castilla que vive más de los recuerdos y de los rencores que de la realidad y que en definitiva, ha impedido su progreso.  La falta de perspectivas, las pasiones, el egoísmo y el rencor que con tanta crudeza se manifiesta a lo largo de las páginas, "son reflejos de que Castilla fue grande" asevera el escritor.

	En cuanto a determinados usos estilísticos que maneja el autor, conviene señalar que si bien el término "alquería" es más propio del levante español y hace referencia a almunia, predio, cortijo, granza, masía, villoría o estancia también se toma como hacienda o propiedad rural y en cierto modo la "alquería de los Guebara" está descrita en la novela como tal propiedad aunque con connotaciones de casona señorial, el autor utiliza el aserto "alquería" como un recurso literario que a lo largo de la trama se convierte en un verdadero paradigma, trascendiendo más allá de lo que es propiamente el discurso de la novela y las peripecias de sus personajes.  El lector avisado descubrirá sin la menor duda cuánto de simbólico hay en la casona y en qué medida trasciende su simbolismo.
  

	Los dos personajes centrales de la obra concentran en sus respectivas peripecias humanas los excesos de unos sentimientos tan conturbados como irrefrenables.  Juliana vive para vengarse;  Macario, el autor de la muerte del hermano de Juliana, decepcionado de cuanto le rodea, esperando hallar la necesaria paz tras más de veinte años de presidio, no  consigue la paz y menos la reconciliación.  Para peor, Gonzalo (un incorregible vividor y notable trapacero amigo de Macario que regresa al pueblo) envenena el alma del desorientado hombre y lo convierte en una víctima de sus delirios de grandeza.  En una frase lapidaria Macario  Rojas sintetiza no sólo su existencia sino cuanto acontece con el general de los seres humanos:
	"Cada cual  acaba encerrado en la cárcel que ha ido construyendo con sus propios actos, con sus verdades, mentiras, deseos y renuncias.  Más a base de renuncias que de deseos satisfechos.  Lo único que sirve es apechugar con lo hecho, pues arrepentirse no resuelve ninguna cuestión, ni uno va a vivir dos veces la misma historia".
   Bilbao, febrero de 2002

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